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METADONA

La metadona es un agonista opiáceo puro de origen sintético desarrollado en Alemania hacia los años cuarenta del s.XX.  Su potencia es ligeramente superior a la morfina, tiene mayor duración de acción pero menor efecto euforizante. La metadona está indicada en dolores intensos de cualquier etiología; postoperatorios, postraumáticos o por quemaduras, cuando el paciente no responde a analgésicos menores. Su uso también  está indicado como sustitutivo en la adicción a opiáceos, dentro de un programa de mantenimiento con control médico y conjuntamente con medidas de tipo médico y psicosocial. Esta estrategia terapéutica no se utiliza como indicación primaria de todos los adictos a la heroína, sino sólo en aquellos que a juicio de los profesionales sanitarios puedan beneficiarse de ella.
En algunos casos este tratamiento resulta exitoso, pero en la mayoría, el paciente acaba desarrollando una gran tolerancia a la metadona, convirtiéndose posteriormente en dependiente de esta substancia. Actualmente existen avanzados tratamientos de desintoxicación de metadona que actúan sobre las causas principales de la adicción.

LA METADONA EN EL MERCADO NEGRO

Como hemos dicho, la metadona es un opiáceo de uso legal que se receta como tratamiento para la adicción a la heroína. Su uso está muy extendido puesto que se dispensa de forma gratuita, permite continuar consumiendo otras substancias y rebaja sentencias pendientes –por tratamiento de desintoxicación-, pero su gran defecto es que genera más dependencia que la propia heroína, razón por la cual poquísimos pacientes son dados de alta. Actualmente se dispensa en las U.A.D y en farmacias acreditadas.
El clorhidrato de metadona se comercializa en emulsiones, ampolletas y pastillas, y no existe la adulteración al procesarse industrialmente. La poca flexibilidad ante las necesidades de cada paciente favorece la existencia de un creciente mercado negro de esta substancia, puesto que es mucho más barata que la heroína. Debido a la fama que tiene de ser una droga segura, muchos drogadictos se vuelven sorprendentemente descuidados al consumirla. Los expertos recuerdan que no es ni mucho menos inofensiva, sino tan peligrosa como la heroína.

RIESGOS DEL CONSUMO Y DEPENDENCIA DE LA METADONA

Como en todos los opiáceos de prescripción y en los ilegales como la heroína, el consumo de metadona conlleva un alto riesgo de provocar dependencia. La inmensa mayoría de personas que en un momento determinado desarrollan este tipo de dependencia, ya están familiarizadas con la adicción, ya que han comenzado a consumir metadona precisamente para combatir las consecuencias de su adicción a la heroína. En este sentido, es muy frustrante tanto para el paciente como para su entorno, el encontrarse con que el intento por deshabituarse de la heroína ha degenerado en la dependencia de otra droga como la metadona, producto de un tratamiento de desintoxicación supuestamente orientado a recuperar al paciente de su adicción a la heroína.
Con el consumo prolongado de metadona, el cerebro deja de producir endorfinas, es decir, los neurotransmisores opiáceos producidos por el Sistema Nervioso Central y que actúan como analgésicos naturales. De esta forma, el cerebro sufre un cambio estructural i funcional en su circuito, de tal manera que sólo podrá funcionar con aparente normalidad si hay presencia de metadona el flujo sanguíneo cerebral.
El paciente debe entonces reemplazar estas endorfinas naturales por la ingesta de metadona para sentirse bien, pero como el cerebro se ha adaptado a la metadona, se vuelve cada vez menos sensible a esta substancia, con lo cual deberá aumentar gradualmente su consumo para obtener los mismos efectos. Este proceso de tolerancia conduce siempre a la dependencia.
El síndrome de abstinencia que produce la interrupción brusca del consumo de metadona es muy grave. La tolerancia provocada por la metadona es muy alta y se desarrolla con rapidez. Provoca dependencia física y un síndrome abstinencial que tarda más en aparecer que el de otros opiáceos, pero tiene una duración mayor –alrededor de dos semanas- y es más severo debido a que las concentraciones del psicofármaco en sangre permanecen en el  organismo durante más tiempo. La evidencia de los casos de adicción a la metadona sugieren que esta substancia es tan adictiva como la heroína, aunque no esté presente la atracción psicológica que supone inyectarse una dosis.
Los riesgos que conlleva el consumo de metadona son más severos que los de otras drogas. Los efectos a largo plazo incluyen sudoración excesiva, estreñimiento, problemas del aparato reproductor – las mujeres pueden ver interrumpido su ciclo menstrual-. Las dosis terapéuticas de metadona se individualizan en función de la tolerancia del paciente en los programas de mantenimiento. A dosis altas aparece sedación, aturdimiento y debilidad general. Las dosis muy altas pueden desembocar en daños cerebrales o paro respiratorio. Las dosis letales son de 100mg en pacientes sin tolerancia. Un tercio de las intoxicaciones letales se dan al principio del tratamiento y suelen producirse por su asociación con otros opiáceos, alcohol, barbitúricos y benzodiacepinas, o bien por su administración en pacientes con baja tolerancia.




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